2DArray (Eli Piilonen) creadora del juego Spewer, nos presenta este juego indie de un carácter muy particular. The company of myself, es un juego protagonizado por un hombre solitario (del que no conocemos ni el rostro) que busca compañía desesperadamente. Durante el juego X (no tiene nombre así que llamémoslo así) nos narra su triste historia de soledad, durante toda su vida ha sido un ente solitario que solo tiene dos pasiones: la primera es actuar y la segunda es Kathryn(la única persona con la que se siente feliz).
Nuestro protagonista, hundido en su soledad, utiliza como forma de autoayuda para superar los niveles a su propia sombra. Trozos de su alma que se reproducen al pulsar la tecla “enter”, y con los que podemos interactuar físicamente.
La tragedia se palpa en este videojuego, donde la narración continua desde la perspectiva de X ayuda a mantenernos centrados en la historia (mantenemos una conversación continua con nuestro protagonista). Además, la sensación melancólica del juego es aumentada por el contraste entre la oscuridad de nuestro personaje y la alegría del ambiente en el que se desenvuelve.
La RAE define la tragedia como: “género teatral en verso que, con ayuda de un coro y varios actores, desarrolla temas de la antigua épica centrados en el sufrimiento, la muerte y las peripecias dolorosas de la vida humana, con un final funesto y que mueve a la compasión o al espanto”.
Es evidente, y un elemento muy positivo a favor del creador, la inspiración del mismo en este antiguo género literario.
También hemos de hablar de un componente de este género del que parecemos olvidarnos en la actualidad: la catarsis. Si habéis jugado ya a The company of myself, seguramente os hayáis compadecido de este solitario protagonista al que la vida solo le pone obstáculos.
La RAE define catársis como: “Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones”. Aquí encontramos el principal objetivo de Eli Piionem: la catársis del jugador con el protagonista. Todos los elementos del juego nos llevan a ello: la música (continua, monótona, triste), el contraste del fondo con el protagonista, el uso de las sombras del mismo, la narrativa continua (como si de una obra de teatro se tratara), etc.
Piionem busca que nos compadezcamos del protagonista, y al hacernos jugar como si fuéramos el nos hace experimentar la liberadora catársis.

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